Este restaurante ofrece una experiencia auténtica de comida rumana con un servicio amable y precios accesibles. A pesar de algunas críticas, la mayoría de los clientes disfrutan de la comida y la hospitalidad del dueño.
Un poco caro para una fonda/comida corrida, pero las porciones son generosas y la comida estaba deliciosa. Vale la pena y aún cuesta menos de 200 pesos.
Es una burla al consumidor, porciones de broma que ni un niño de dos se comería, carísimo para lo que es y no tienen ni la educación de mandar cubiertos ni servilletas, un asco de servicio al cliente