
Llegamos con 38 personas y prácticamente nos adueñamos de todo el restaurante… y en lugar de entrar en pánico, nos recibieron con una hospitalidad pura.
El dueño nos recibió como si fuéramos familia perdida. Se esforzó muchísimo para asegurarse de que cada persona de nuestro grupo estuviera bien atendida, sonriendo todo el tiempo y estando pendiente constantemente de que estuviéramos contentos. Se notaba que realmente le importaba.
La comida llegó con una rapidez impresionante, considerando que llenamos todos los asientos del lugar. Las porciones eran generosas, los sabores increíbles y cada plato que llegó a la mesa estaba fresco y delicioso. Ni una sola queja de un grupo de 38 personas, lo cual lo dice todo.
Los precios eran muy razonables, especialmente considerando la calidad y la cantidad de la comida. Pero lo que realmente destacó fue el esfuerzo. Es raro ver a alguien trabajar tan duro para asegurarse de que sus invitados se vayan contentos.
Si estás en Playa del Carmen y quieres buena comida servida con cariño, este es tu lugar. Sin duda, volveríamos.