Había estado yendo seguido porque le había agarrado el gusto. Están baratos, ricos, me gusta que haya varias opciones de salsas (no muchas, pero sí varias), y los chicos siempre nos habían atendido bien. No es un servicio brillante, pero también es una taquería sencilla, y nos recibían con buena vibra y una sonrisa, lo cual yo personalmente valoro mucho.
Ayer fui y por primera vez me tocó que había arrachera, que por cierto estuvo riquísima. Pero tuvimos un problema al pedir la cuenta que fue muy desagradable.
El mesero llega y nos dice: “son 350 pesos”. Le digo: “con tarjeta”, y me responde: “ay, chin, no se puede, solo efectivo”. Le pregunto si se puede transferencia, me dice que no, pero que va a preguntar. Se va.
Mientras tanto, en unos 20 segundos comentamos entre nosotros qué hacer: intentar en el 7-Eleven de al lado o que alguien fuera a un cajero.
De repente escuchamos que la persona que parecía estar a cargo (desconozco si es dueño o gerente), un señor alto y gordo (lo digo como descripción física, no como insulto), empieza a regañar al mesero de forma muy agresiva. Literal gritándole algo como “¿por qué no preguntas antes?” con una actitud súper nefasta. Yo hasta dije: “pobre mesero, ya lo están regañando”.
Después este señor se levanta y viene hacia nosotros con una vibra muy agresiva. Llega levantando la voz y haciendo ademanes, pero en lugar de dirigirse a mí, que era quien estaba hablando con el mesero, se dirige a mi amigo y le dice: “no se puede transferencia, ¿por qué no preguntas antes? Es que nos estafan, ahí hay un cajero”.
Yo lo paré en seco y le dije: “oye, tranquilo, nada más preguntamos, nadie está armando problema. Si no se puede, no pasa nada”. Porque realmente estábamos tranquilos, y él llegó a romper completamente la vibra por algo muy sencillo.
Aun así, siguió hablando de forma agresiva, insinuando que la gente estafa con transferencias. Le respondí que yo ni siquiera sé cómo cancelar una transferencia y que solo estábamos preguntando, y que lo íbamos a resolver.
Además, me pareció muy incómodo que ignorara completamente que yo estaba hablando y se dirigiera solo a los hombres, incluso cuando yo le respondía. Para mí sí fue un comportamiento misógino.
Total, voy al 7-Eleven, saco el dinero y regreso. Quería dejarle al mesero el 15% de propina, pero solo tenía billetes grandes. Intenté darle más para que se quedara con la propina y pedí cambio, y me dijo que no tenía. Va a preguntar y vemos cómo el mismo señor le hace señas desde lejos diciéndole que no.
El mesero regresa con cara triste a decirme que no hay cambio, y pues ni modo. Pero honestamente, ahí ya fue la cereza del pastel. No solo el trato hacia nosotros, sino cómo trató al mesero, que en todo momento nos atendió bien.
Yo puedo entender que no acepten tarjeta ni transferencia si han tenido malas experiencias. De verdad lo entiendo. Y también entiendo que a veces no haya cambio. Pero todo eso se puede manejar con educación, sin gritos, sin malas caras y sin tratar mal a la gente.
El problema aquí no fue la política del lugar, fue la actitud de esta persona: autoritaria, grosera, maleducada y con cero servicio al cliente. En cinco minutos dejó clarísimo cómo es.
Y sí, eso termina afectando todo. Yo había recomendado el lugar y a mis amigos les gustó la comida, pero después de esto, ellos mismos dijeron que no regresarían. Y yo tampoco.
Si el servicio es importante para ti y te gusta que te traten bien, esta reseña te puede servir. Si de todas formas quieres ir porque la comida sí está rica, entonces ve preparado: lleva efectivo y con cambio.
Y si no te importa ver cómo tratan mal a los empleados o recibir un trato así, adelante. Pero al menos ya sabes a lo que vas.
Saludos.