
Comparto esta opinión únicamente con fines de libertad de expresión y para relatar mi experiencia personal durante mi visita a este lugar.
1. Si no eres influencer, político o figura pública del estado, te recomiendo reconsiderar tu visita.
El personal te ve llegar, pero la atención al cliente es deficiente.
2. Para recibir el menú, tuve que solicitarlo dos veces en un lapso de 15 minutos. Finalmente, después de levantarme para pedirlo directamente, me lo entregaron unos minutos después.
3. El tiempo de preparación de los alimentos es algo largo, aunque se entiende, ya que la comida se prepara al momento. Sin embargo, también las bebidas tardaron demasiado en servirse, y el tarro de cerveza no estaba frío.
4. Al recibir los platillos, encontré varios puntos importantes a mencionar:
Presentación: demasiado sencilla.
Sabor: completamente insípido, sin sazón.
Precio-calidad: los costos son altos en comparación con la calidad ofrecida.
5. En especial, no recomiendo los camarones zarandeados. Son muy pequeños (aproximadamente del tamaño de una moneda de $10), no estaban bien limpios y únicamente los saltean en mantequilla y ajo, sin ningún toque especial de sabor.
6. Las piguas tienen un precio razonable, aunque el guiso que pedí (al ajillo, tipo rojo) no cumplió con las expectativas.
7. El chilpachole tenía más sabor a caldo común que al platillo tradicional que uno esperaría.
8. Finalmente, es falso que entreguen un mandil para comer las piguas o el caldo, a menos que seas influencer, político o periodista, en cuyo caso la atención parece ser prioritaria.
En conclusión, no recomiendo el restaurante, aunque reconozco que cada persona tiene gustos distintos y quizá otros comensales tengan una mejor experiencia.