
El sabor me sorprendió para bien, me sentí Anton Ego en Ratatouille ya que recordó al pan de mi infancia. Solo aceptan efectivo. El personal no es muy amigable.
Leí muy malas opiniones respecto al producto y que se trata de pan viejo, no sé si fue buena suerte la mía o que llegue en un buen día y horario, que las dos piezas de pan que compramos estaban muy ricas.
Es verdad que las instalaciones dejan mucho que desear, me dio bastante tristeza ver una panadería tradicional tan descuidada, me provocó un sentimiento de que en su momento fue un gran lugar, ver el caballito de monedas me trajo muchos recuerdos, espero que se pongan las pilas y no dejen morir este tipo de lugares tradicionales.
Dijeras tú: está descuidado pero son amables, pero no, está descuidado, el personal no es simpático, de verdad que lo que los salvó fue mi nostalgia por el sabor del pan.