Fui a desayunar al restaurante de Liverpool en Plaza Península con grandes expectativas. El lugar es bonito y el ambiente prometía, pero la experiencia gastronómica fue decepcionante.
Ordené una tampiqueña, esperando lo tradicional: buen corte de carne, guarniciones típicas como arroz, frijoles, plátanos fritos, tal vez picadas o gorditas. Pero lo que recibí distaba mucho de eso: un pedazo de carne insípida que parecía recién descongelada, una pequeña porción de arroz y un puré de papa verdoso con un sabor francamente raro. No se sentía fresco ni cuidado. Y no hablaré de las enchiladas…
La atención fue aceptable, aunque mal sincronizada. La canasta de pan estaba en la mesa como invitación al consumo, pero los panecillos y totopos llegaron a mitad de la comida, sin orden ni sentido.
En fin, una gran decepción. El platillo fue caro y sin calidad. La tampiqueña más costosa que he probado… y la peor. No volvería ni la recomendaría. Ojalá los dueños lean este comentario y reconsideren la calidad de lo que sirven.