Al principio la atención iba bien, nos atendieron con gusto, nos sentamos, tomaron la orden y a los pocos minutos una Sra. mayor (desconozco si era la fundadora del lugar) empezó a quejarse desde la cocina diciendo comentarios en torno a que nos habían dejado pasar con nuestra perrita chihuahua (estatura pequeña) nos incomodó muchísimo su mala vibra, y por dignidad nos terminamos saliendo del lugar; desde un principio nunca se nos dijo que el restaurante no era Pet Friendly, tampoco había un cartel que aclarara eso, de haber sido así obviamente nos limitamos a entrar o buscaríamos alternativas.
Honestamente nos quedamos con las ganas de probar las cemitas, ya que las reseñas que tiene en Google prometen mucho, pero definitivamente la atención de esa señora nos dejó un muy mal sabor de boca innecesario, ojalá la puedan orientar en atención a cliente y enseñarle sobre el valor del respeto.