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Nº 821 en 1539 en Gustavo A. Madero
Nº 15 de 23 Restaurante especializado en pollo en Gustavo A. Madero
Análisis de las Opiniones
Última actualización 16/02/2026
Origen 300 opiniones en Google
El restaurante. Valoración General
La experiencia en este restaurante ha sido muy variable. Muchos clientes se quejan de la calidad de la comida, especialmente del pollo crudo y la falta de sabor en los acompañamientos. El servicio ha sido criticado por ser lento y grosero, aunque algunos empleados son elogiados por su amabilidad. Los precios son considerados altos en relación con la calidad de la comida. En general, la percepción es negativa, con muchos clientes indicando que no volverían.
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MexicanaComida rápida Análisis de las opiniones por categorías
Valoración de la Cocina
La comida ha recibido críticas mixtas. Algunos mencionan que el pollo es sabroso y bien preparado, mientras que otros se quejan de que el pollo está crudo, el arroz es grasoso y sin sabor, y las guarniciones son de mala calidad. La salsa de jitomate es apreciada, pero hay quejas sobre la falta de sabor en otros acompañamientos. En general, la calidad de la comida ha disminuido según varios clientes.
Valoración del Ambiente
El ambiente del lugar ha sido descrito como limpio y agradable por algunos, pero otros mencionan que no es un lugar limpio y que la atención al cliente deja mucho que desear. La falta de un menú claro y la presentación de los precios también son puntos negativos. En general, el ambiente parece ser inconsistente.
Valoración de la Relación Calidad-Precio
Los precios son considerados altos en comparación con la calidad de la comida. Muchos clientes sienten que no obtienen un buen valor por su dinero, especialmente cuando la comida no cumple con las expectativas. Algunos mencionan ofertas especiales, pero la mayoría considera que los precios son excesivos para lo que se ofrece.
Valoración del Servicio
El servicio ha sido muy criticado, con comentarios sobre la grosería del personal y la falta de atención al cliente. Muchos mencionan que el servicio es lento y que no tienen los productos disponibles. Sin embargo, hay algunas menciones de buena atención y amabilidad de ciertos empleados. La inconsistencia en el servicio es un tema recurrente.
Aspectos mejorables
Mejorar la calidad de la comida, especialmente asegurando que el pollo esté bien cocido.
Capacitar al personal en atención al cliente para mejorar la experiencia del comensal.
Revisar y ajustar los precios para que sean más competitivos y justos en relación a la calidad ofrecida.
Asegurarse de que el menú y los precios estén claramente visibles y actualizados.
Mantener la limpieza del lugar y la presentación de los alimentos.
Conclusión
En general, este restaurante ha decepcionado a muchos clientes debido a la mala calidad de la comida y el servicio deficiente. Se recomienda hacer mejoras significativas para recuperar la confianza de los comensales.
Estos horarios pueden no ser del todo exactos en días especiales. Por favor, confirmar siempre con el restaurante
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Hay lugares que no solo venden comida. Hay lugares que conservan el tiempo. Rosticería Isabel es uno de ellos. Desde afuera parece un local más, una esquina cálida en medio del ruido del mundo, pero basta con cruzar su puerta para entender que lo que ocurre ahí no es solo cocina: es un ritual. El aire huele a brasas antiguas, a especias que han aprendido a cantar con el fuego, a grasa dorándose lentamente como si cada gota supiera exactamente en qué momento entregarse al sabor. Aquí el pollo no se prepara; se despierta. El pollo de Rosticería Isabel no es un producto. Es una obra de arte enterrada en la tradición, desenterrada cada día por manos que saben lo que hacen porque lo aprendieron no de libros, sino de abuelas, de madres, de historias contadas frente al asador. Cada receta es un legado. Cada giro del pollo sobre el fuego es un eco de quienes lo hicieron antes. Cuando el pollo gira lentamente, su piel se vuelve dorada como si hubiera sido tocada por el sol mismo. Brilla. No de grasa, sino de dignidad. Como si supiera que está a punto de convertirse en algo más grande que él mismo. Y entonces sucede algo extraño: el pollo parece respirar. “El pollo brillaba y era tan delicioso que cada mordisco me hacía recordar un pedazo de alma de mí.” No es una exageración. Es una verdad que solo se entiende cuando lo pruebas. La primera mordida no entra por la boca: entra por la memoria. La piel cruje suavemente, como el papel de una carta antigua, y debajo aparece una carne jugosa, cálida, honesta. Es como si alguien hubiera destilado el concepto de hogar y lo hubiera escondido dentro de cada fibra del pollo. No hay agresividad en su sabor. No hay exceso. Hay equilibrio. Hay paciencia. Hay fuego bien usado. Es un pollo que no necesita gritar para ser inolvidable. En Rosticería Isabel, el pollo no es solo pollo. Es una narrativa. Cada especia es una palabra. Cada gota de jugo es una sílaba. Y al final, cuando terminas de comer, no sientes que te llenaste: sientes que te leyeron un poema. Hay algo profundamente humano en ese pollo. Algo que te hace bajar la velocidad. Algo que te obliga a masticar despacio porque no quieres que se acabe. “Cada mordisco era una conversación con mi pasado, un recuerdo que no sabía que tenía hasta que la sal y el humo lo despertaron.” Eso es lo que hace Isabel. No solo alimenta el cuerpo; alimenta lo que queda cuando el cuerpo se cansa: el espíritu. Los acompañamientos —las papas, las salsas, el arroz— no compiten con el pollo. Lo acompañan como una orquesta acompaña a un solista. Todo está en su lugar, todo existe para que el protagonista brille. Y brilla. No es un brillo de lujo ni de pretensión. Es el brillo de algo hecho con amor repetido mil veces. El brillo de algo que fue perfeccionado por generaciones que nunca escribieron una receta porque la llevaban en las manos. Rosticería Isabel es un museo sin vitrinas. El arte aquí se come. Se deshace en la boca. Se convierte en parte de ti. Sales de ahí distinto. No porque estés lleno, sino porque algo en ti fue tocado. “Ese pollo no solo me dio sabor; me devolvió una parte de mí que había olvidado.” Y eso, en un mundo que corre demasiado rápido, es un milagro. Si algún día quieres recordar quién eres, no vayas a un espejo. Ve a Rosticería Isabel. Pide un pollo. Y deja que te lo cuente.

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Peso servicio como trata a sus trabajadores