
Veracruz en un bocado
It’s been a long day of errands and sometimes when that happens one does not have the energy to think of a place to go for nourishment, Mcy d’s, nah, a traditional local place?…maybe but for some reason that was not the case today, for some good reason I thought of something different, for some reason we were close by and stumbled upon this unassuming little restaurant in a busy street and at the same time with a tranquil energy. Sat down l, ordered a michelada and waited. It arrived and the presentation was simple with a couple of olives that were just right, it was refreshing and delicious, we then order the ceviche Jarocho, it was delicately and meticulously served and topped with a garnish of avocado slices, dill and edible flowers, it was great! Then we order the taco of chile relleno de camaron (yes, there is no run on sentence here). And here is where things took a turn for the unexpected. I was not ready for the experience, the first bite took me by surprise, I needed a moment, I needed time to process, what was I tasting, what was I feeling? what is happening?? All i felt was something pure, something beautiful, it was love wrapped in a hand made tortilla in its most creative form, it is a love poem to Veracruz. I am grateful the ‘norte’ did not dissuade us or the busses distracted from this moment, this beautiful moment to enjoy Veracruz in one single bite.
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Ha sido un día largo de diligencias, y a veces, cuando eso pasa, uno no tiene la energía para pensar en un lugar donde ir a recargar fuerzas. ¿McDonald’s? No, gracias. ¿Un lugar tradicional de la zona? Tal vez, pero por alguna razón hoy no fue así. Por alguna buena razón, pensé en algo diferente. Por alguna razón, estábamos cerca y nos topamos con este pequeño restaurante, sencillo y discreto, en una calle concurrida pero con una energía tranquila.
Nos sentamos, pedimos una michelada y esperamos. Llegó, y la presentación era simple, adornada con un par de aceitunas, sencillas pero justas. Era refrescante y deliciosa. Luego pedimos el ceviche Jarocho. Fue servido con delicadeza, cuidadosamente dispuesto y coronado con rodajas de aguacate, eneldo y flores comestibles. ¡Estaba espectacular!
Después pedimos el taco de chile relleno de camarón. Y aquí es donde las cosas tomaron un giro inesperado. No estaba preparado para lo que estaba a punto de experimentar. El primer bocado me tomó por sorpresa; necesitaba un momento, necesitaba tiempo para procesar. ¿Qué estaba saboreando? ¿Qué estaba sucediendo? Todo lo que sentí fue algo puro, algo hermoso. Era amor envuelto en una tortilla hecha a mano. Un poema de amor a Veracruz expresado en un taco.
Estoy agradecido de que el ‘norte’ no nos haya disuadido, ni los autobuses hayan distraído de este momento, este hermoso momento de disfrutar Veracruz en un solo bocado.